Orjot Tzadikim (Las sendas de los justos)

 

 

La Torá advierte que el hombre debe vivir en un estado de alegría constante: Por cuanto no serviste al Eterno con alegría y buena disposición.[1]No se nos ordenó alegrarnos sino de manera que sirvamos al Creador del Universo, y no se puede servir al Todopoderoso ni con frivolidad ni con risa ni con ebriedad.

 

Gozo y alegría no deben considerarse como una sonrisa perpetua en el rostro del hombre. Ni tampoco el aceptar injusticias y maldades con agrado. Ni reír sin comprender que existen momentos y circunstancias para el llanto. El gozo y la alegría refieren a un estado del ánimo de tranquilidad interna y confianza en la Bondad del Todopoderoso. La burla, la carcajada que nace en la gracia insana, la sonrisa perenne del inconsciente o borracho no son sinónimos de gozo y regocijo, ni de alegría; sino muestras de la falta de éstas.[2]

 

El noveno portón: la alegría.

Shá'ar Hasimjá.

 

 

El atributo de la alegría existe en el hombre que goza de tranquilidad espiritual, y no es afectado por los sucesos cotidianos. La persona que satisface sus anhelos, sin permitir que nada le cause el sentir tristeza, estará permanentemente feliz. Su rostro brillará, su semblante será radiante, gozará de buena salud y no envejecerá prematuramente, como dice el versículo: El corazón alegre es benéfico como una medicina.[3] Pues la alegría hace al hombre risueño.

 

Sin embargo, no es apropiado que el hombre inteligente se exceda en la risa,[4] pues a ésta se le asocia la frivolidad: Como el crujido debajo de la olla, es la risa del insensato.[5] No es digno del hombre ético comportarse trivialmente en las reuniones. Los sabios nos enseñan: quien aumenta su risa, disminuye su temor. Porque al momento de reír,[6] no se tiene la capacidad de meditar en ninguna forma del temor al Creador.[7] Es importante que el hombre eduque a sus hijos a que no se acostumbren a reír en forma burlona.

 

De la algarabía y la jocosidad se derivan muchos males. Un error común en las personas es alegrarse por el error de su compañero, para así superarlo y hacerse de reputación, dice el versículo al respecto: Cuando cayere tu enemigo, no te alegres; y cuando tropezare, que no se alegre tu corazón.[8] Rabí Nejuniá ben Hakaná rezaba así: Que no tropiecen mis compañeros en temas de Halajá y, si lo hicieran, que no me cause alegría; y que yo no tropiece en temas de Halajá y, si lo hiciera, que no les cause alegría.[9]

 

Otro tipo de risa que es sumamente grave, es aquella que menosprecia y se burla de quienes son meticulosos en el servicio Divino y el cumplimiento de las Mitzvot. Provoca cuatro tipos de males: aleja su alma del cumplimiento de las Mitzvot, ya que devalúa su interés en ellas. Probablemente provoque que el otro deje de cumplir los preceptos por el temor a ser avergonzado. Muchos otros hombres que aún no transitaron la Senda Divina no podrán encaminarse en ella debido al escarnio y así permanecerán en la oscuridad toda su vida. Aquel que se burla de los justos se asemeja a un asaltante que se posiciona en un cruce de caminos y roba a todos los que llevan tributo al Rey. Será éste un enemigo del Rey y le espera un gran castigo.

 

Una alegría que es más amarga que el ajenjo y lleva a la perdición a aquellos que la practican, es cuando dedican su tiempo a la búsqueda de la promiscuidad, el robo y el resto de las transgresiones, y lo más grave es cuando se sienten alegres y festejan el haber conseguido saciar sus deseos perversos.

 

Hay una alegría que es peor que las mencionadas anteriormente, y es cuando el individuo se deleita por el tropiezo de otra persona en el servicio Divino, o por su escaso saber. Por ejemplo: Un siervo leal al Rey debe lamentarse cuando ve a las personas que se rebelan contra Él mostrándole desprecio, debe reprender a los ofensores ya que así demuestra su lealtad, y tiene la obligación de hacerles ver su error: Quiere el Eterno a quienes Le temen.[10] Empero, si el siervo se alegra al presenciar el desprecio contra su Señor, no será un siervo leal, sino compañero del hombre malvado.

 

Todo hombre cuyo deseo es el del Creador debe lamentarse por todos aquellos que no cumplen con Su Voluntad. Incluso por sus enemigos debe rezar para que sirvan a su Bendito Creador. En la Tefilá, en las bendiciones de Atá Jonén (Tu otorgas el don de la sabiduría), Hashibenu (Haznos retornar a Ti), Selaj Lanu (Sálvanos), debe rezar por el retorno de todo el Pueblo de Israel, para que orienten su corazón hacia Él con intención plena y veraz, y con esto estará cumpliendo con el versículo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.[11]

 

Otro tipo de alegría y jocosidad que es dañina, empaña el cumplimiento de los preceptos y hace olvidar el temor al Eterno del corazón de las personas, y es la de aquellos que se entretienen con el vino y los licores, dicho tipo de regocijo y frivolidad acaba generalmente en lamento,[12] porque la borrachera obstruye el raciocinio que el Todopoderoso sopló en la nariz del hombre.

 

 

Haciendo una introspección

 

Cuando la persona sabe que no procedió correctamente, se ríe para apaciguar la situación. Es una risa que encubre la verdad. La verdad le preocupa y lo entristece, y es entonces que se ríe para acabar con su cargo de conciencia. Como le es difícil reírse solo, busca a sus compañeros para que se acoplen a él. Esto es lo que hacen algunos, en lugar de preocuparse por solucionar las cosas que los perturban, en vez de reconocer la verdad, tapan sus oídos con risas.

 

Un ejemplo muy claro lo encontramos en el suceso en donde el pueblo de Israel, inducidos por la muchedumbre (Ereb Rab), hizo el becerro de oro: Y se sentó el pueblo a comer y beber y se levantaron para reír. Habían conseguido lo que se habían propuesto: poder comer, beber, reír y satisfacer sus deseos materiales olvidándose de todo concepto espiritual de anulación frente a la Voluntad del Creador. Esta es la manifestación más clara de la equivocación y una muestra de hasta dónde puede llegar aquel que solamente quiere hacer lo que se le apetece de acuerdo al deseo material del momento…

 

La felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor, sino de lo que pasa dentro de nosotros. Se mide por el espíritu con el cual enfrentamos los desafíos de la vida. Es un asunto de valentía, de responsabilidad, de despertar el deseo de entregarse por entero al estudio y al cumplimiento de las Mitzvot, y así, el Todopoderoso posará Su Sagrado Espíritu en el hombre virtuoso, y será entonces que su corazón se alegrará llenándose de amor por el Eterno. Su alma se revestirá de dicha, en su rostro se dibujará la más auténtica de las risas, porque habrá descubierto el secreto de la auténtica felicidad. ©Musarito semanal

 

 

“La felicidad es interior, no exterior; por tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”.

 

 

 

 

 

 

[1] Debarim 28:47.

 

[2] Ver Séfer Colbó 60.

 

[3] Mishlé 17:22.

 

[4] Ver Berajot 31a.

 

[5] Kohelet 7:6.

 

[6] Una risa desmedida o proveniente de juegos viciosos.

 

[7] Ver Yirmiyá 15:17.

 

[8] Mishlé 24:17.

 

[9] Berajot 28b.

 

[10] Tehilim 147:11.

 

[11] Vayikrá 19:18.

 

[12] Ver Mishlé 23:29-30; Yeshahayá 5:11-14.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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