antisemitismo

 

 

“No comerán ningún sebo y ninguna sangre” (3:17).

 

En esta porción semanal de la Torá, Hashem nos ordena, entre otras cosas, la prohibición de ingerir sangre. Encontramos otro versículo en la Perashá siguiente que habla del mismo tema: No comerán sangre en todas sus moradas.[i] La primera pregunta que surge es: ¿para qué se repite? La segunda es que ingerir sangre es una acción personal; ¿por qué era necesario enfatizar en la prohibición en todas sus moradas?

 

El Talmud responde: “La primera mención es para prohibir su ingesta. La segunda nos advierte que no vayamos a pensar que, por haber sido enunciada en el contexto de las ofrendas, debemos entender que únicamente se aplica mientras tengamos la posibilidad de ofrecer korbanot. Pero si esta posibilidad no existe (por ejemplo, en nuestra época, que no tenemos Mizbéaj), tal prohibición no es aplicable”. Por ello, la Torá afirma aquí que esta prohibición se aplica en todos los lugares donde resida el yehudí. Viva donde viva, el yehudí debe conducirse conforme lo indica el Shulján Aruj.

 

En una ocasión, algunos gentiles acusaron a los judíos de un pueblo de Europa del Este de haber asesinado a un niño cristiano y utilizar su sangre para hacer matzot. Llevaron el asunto ante el tribunal. El rabino de la comunidad defendió a los judíos, quienes habían sido acusados falsamente. Mientras se juzgaba el caso, el rabino se volvió hacia el juez e hizo una petición: “¿Me permitiría traer a alguien al tribunal?”. El juez asintió. Entonces el rabino dijo: “Diga a los guardias que traigan a cualquier mujer judía de la calle”.

 

Poco después, el guardia regresó seguido por una mujer judía, con su cesta de compras en el brazo, sorprendida por el hecho de que la hubieran llevado a ese lugar. El rabino le dio un huevo y dijo: “¿Tendría usted la amabilidad de freír este huevo?”. La mujer rompió el huevo y, antes de verterlo la sartén, lo examinó atentamente, para ver si tenía manchas de sangre. El Rab pidió a la mujer: “¿Podría decir al tribunal por qué examinó el huevo?”. La mujer respondió: “Siempre examino los huevos así. Los abro para mirar si tienen manchas de sangre antes de usarlos”. El rabino sonrió satisfecho y se dirigió otra vez al juez: “¿Ve usted, señor juez? Incluso una simple mujer judía no utilizará un huevo si contiene sangre. Entonces, ¿puede usted creer que nosotros los judíos somos capaces de cocinar matzot con sangre?”.[ii]

 

A lo largo de la historia, muchas personas y naciones se han esforzado en intentar que nos asimilemos a ellas, a fin de apartarnos de Hashem y la Torá, y así destruirnos espiritualmente.

 

¿Cuál es la razón del odio, la envidia, el resentimiento injustificado e irracional hacia el judío? Si hay maldad en el mundo, nos convertimos en su objetivo. ¿Por qué?

 

Anteriormente, los mineros llevaban canarios a las minas porque estas aves eran extremadamente sensibles a los gases tóxicos. Respondían al peligro antes de que afectara a los humanos. Si los mineros veían que los canarios enfermaban y morían, se daban cuenta de que respirar ese aire les causaría la muerte y que debían escapar lo antes posible.

 

Esto es lo que hacemos en el mundo: somos su sistema de advertencia. Donde sea que haya mal, donde sea que haya odio, a nosotros nos afecta primero. ¡¿Por qué?!

 

Ninguna persona ama a su despertador. Este invento humano nos despierta de nuestro plácido sueño, nos saca de la calidez de nuestros cobertores. La misión de Am Israel es ser luz entre las naciones: Te pondré (Israel) por luz para las naciones, para que llegue (el anuncio) de la salvación (que haré), hasta el confín de la tierra.[iii] Estudiamos Torá y Musar para saber cómo conducir nuestra vida conforme a la voluntad de Hashem. Esto incomoda a todos aquellos que aspiran a vivir cómodamente, sin ningún tipo de yugo. La misión de todo ser humano es aspirar a vivir con un comportamiento moral civilizado. La religión de Israel aborrece el oscurantismo producto de la ignorancia. El Judaísmo está lleno de claridad, luz y alegría.[iv] Tus mandatos son una lámpara para mis pies y una luz para mi sendero.[v]

 

El Pueblo de Israel fue comparado a las estrellas.[vi] Desde la tierra se ven muy pequeñas. Sin embargo, en el cielo son inmensas. Hashem aseguró a Abraham que, aun cuando en la tierra las naciones del mundo considerarían al Pueblo Judío “muy pequeño” (poco importante), en realidad arriba, en el Cielo, somos de suprema importancia: Pues un Pueblo Sagrado eres tú para Dios. Y a ti te escogió Dios para ser para Él por pueblo atesorado de entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra.[vii]

 

Las estrellas titilan en el cielo infinito. Por medio de su luz, aun aquel que camina en la oscuridad de la noche no tropezará. Todo judío, hombre o mujer, posee suficiente luz moral y espiritual para influir sobre el mundo entero.

 

Concédeme Tu luz y Tu verdad; ellas me guiarán, y me traerán hasta el monte de Tu Santidad y hasta Tu morada.[viii]

 

Pues no sólo uno se ha alzado contra nosotros para destruirnos, sino que en toda generación se han levantado contra nosotros para aniquilarnos, y el Santo, Bendito Sea, nos salva de sus manos.[ix] La salvación de Hashem es extremadamente grande. Él no nos salva sólo cuando nuestros enemigos conspiran contra nosotros, sino que, incluso cuando ya estamos en sus manos y parece que estamos vencidos, milagrosamente Él nos libera de su opresión.

 

En síntesis, ¿cuál es la solución para evitar el antisemitismo? Hashem nos envió a la diáspora para que cada uno de nosotros cumpla con una misión específica. Ahora que nos encontramos en el exilio, ¿cómo debemos comportarnos? Hay quien dice que es mejor comportarnos como la gente local para pasar desapercibidos… ¡Qué idea tan equivocada! Con sólo voltear y mirar un poco a lo largo de la historia nos daremos cuenta de que esta es la peor solución. Si un judío trata de escapar de su pacto con Hashem, entonces Él pone avisos de “Se busca” en todos los periódicos del mundo: “SE BUSCAN ANTISEMITAS PARA RECORDAR A MI PUEBLO QUIÉNES SON”. Desafortunadamente, hay siempre millones de voluntarios. En cada país a donde vayas encontrarás antisemitismo. No importa lo que haga un judío, su obligación con el pacto lo seguirá por siempre.

 

La supervivencia judía es la parte Divina del pacto. Nuestra parte consiste en guardar los mandamientos de la Torá. Si tan sólo nos permitiéramos un momento de verdad que ilumine nuestros corazones, fácilmente admitiríamos nuestro lamentable estado. Sólo consideremos que nosotros, la nación que enseñó al mundo pagano sobre Hashem; nosotros, la nación que introdujo el lenguaje del rezo a la humanidad; nosotros, la nación que ha dado significado a los conceptos de fe y de confianza, ha olvidado cómo voltear hacia el Todopoderoso, cómo confiar en Él, cómo tener fe en Él.[x]

 

Un día, en el Bet HaKenéset donde solía rezar Rab Levi Itzjak de Bardichev, los feligreses habían terminado sus oraciones y cada uno guardaba su tefilín. De pronto, se escuchó un lamento y todos voltearon hacia donde provenía. A alguien se le había caído al suelo uno de sus tefilín. Todos se unieron al lamento, mientras que Rab Levi aprovechó la oportunidad, como siempre lo hacía, para abogar por Am Israel. Levantó sus ojos al Cielo y dijo: “Hashem, cuando los tefilín de un simple judío se caen, él inmediatamente los levanta y los besa. La Guemará dice que Tú también usas tefilín,[xi] en los cuales aparece escrito: ‘Y quién es como tu pueblo, como Israel, una nación sobre la tierra’.[xii] Tú te enorgulleces del Pueblo Judío. Desgraciadamente, tus tefilín (el Pueblo Judío) han caído, y yacen en la desgracia por muchos años con las naciones del mundo pisoteándolos. ¿Por qué no levantas tus tefilín y les das el beso que ellos bien merecen? Envíanos al Mashíaj para que nos redima de ese largo y pesado exilio…”. ©Musarito semanal

 

 

 

“Pues un Pueblo Sagrado eres tú para Hashem. Y a ti te escogió para ser para Él por pueblo atesorado de entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra.”[xiii]

 

 

 

 

 

 

[i] Vayikrá 7:26.

 

[ii] Relatos de Tzadikim, Perashat Vayikrá, pág. 8.

 

[iii] Yeshayá 49:6.

 

[iv] Adaptado de un comentario de Rab Benjamín Blech.

 

[v] Tehilim 119:105.

 

[vi] Meguilá 16a.

 

[vii] Debarim 14:2.

 

[viii] Tehilim 43:3.

 

[ix] De la Hagadá de Pésaj.

 

[x] Rebetzin Esther Jungreis.

 

[xi] Berajot 6a.

 

[xii] Shemuel II, 7:23.

 

[xiii] Debarim 14:2.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.

 

© 2014. Musarito Semanal. Todos los derechos reservados.