El cantar de los cantares

3.8 “Kulám Ajúze Jéreb, Melumedé Miljamá; Ish Jarbó 'Al-Yerejó Mipájad Balelót”.

 

“Todos portan espada y son diestros en la guerra; cada uno lleva su espada sobre el muslo, por el pavor de las noches”.

 

 

En Breve:

 

Todos portan espada y son diestros en la guerra, el versículo nos explica cuáles eran las armas de guerra y las herramientas que utilizaban los sesenta valientes (los líderes espirituales) a los que nos referimos en el párrafo anterior. Ellos fueron elegidos por su destreza, conocimiento y experiencia para el desempeño de sus funciones. cada uno lleva su espada sobre el muslo, por el pavor de las noches, sabían proteger a quien necesitara su protección y estaban siempre atentos y dispuestos a cumplir con su misión.

Profundizando:

 

Los dirigentes espirituales del 'Am Israel poseen la valentía para enfrentar al instinto maligno y mantenerse fuertes gracias a las bardas precautorias establecidas por el Sanhedrín: todos portan espada y son diestros en la guerra, Todos ellos se aferran a la espada de la tradición y son expertos en las lides de la Torá.

 

Si realmente son diestros en la guerra, ¿Por qué tienen miedo por las noches? La alegoría a la que hace mención el versículo es, no obstante que todos son diestros, quiere decir, se cuidan de diseñar tácticas de guerra para no caer bajo la influencia del instinto maligno, portan espadas para no sucumbir ante la seducción del Yétzer Hará, quien arremete una y otra vez con astucia, utiliza sus artimañas para hacerlos caer bajo sus redes, esto sería equivalente a sucumbir en las noches…[1]

 

Las espadas a las que hace mención el versículo representan al Masóret (la tradición) y la mnemotecnia, que son las herramientas con las que se valían los sabios para transmitir y mantener intactas las versiones correctas de la Torá, tanto la escrita como la oral. Masóret es la preservación de la ortografía, lectura, pronunciación y musicalidad de las escrituras. En el Talmud encontramos una gran cantidad de mnemotecnias utilizadas por los Jajamim para recordar las opiniones y la secuencia de muchas discusiones talmúdicas. Gracias a este sistema de estudio ha sido posible conservar, profundizar y memorizar la tradición transmitida de generación en generación. El arduo y prolongado exilio del 'Am Israel ha esparcido a los judíos a casi todos los lugares del mundo: conservar íntegro el mensaje recibido al pie del Monte Sinai no ha sido una empresa fácil. El temor a perder este invaluable legado llevó a los Jajamim a establecer señales y reglas mnemotécnicas para así conservar en la diáspora las enseñanzas transmitidas.[2]

 

 

 

Enseñanza ética:

 

Estudiar Torá no es una cuestión optativa; tampoco es una materia exclusiva para intelectuales y profesionales. No es un arte ni tampoco una ciencia. Estudiar Torá es una tarea obligatoria e inexcusable para todos, hombres y mujeres, jóvenes o mayores, sabios y neófitos, pobres y ricos; es el objetivo mismo de la existencia del pueblo judío. Por ello la Torá comienza con la palabra Bereshit, que puede leerse Bet Reshit, es decir, dos Reshit, enseñándonos que el mundo fue creado en virtud de dos entes que fueron llamados Reshit, y ellos son la Torá,[3]-[4] e Israel.[5]

 

Sabemos, que la base de cualquier estudio es el repaso, es la única forma de que el estudiante retenga en su mente el conocimiento adquirido. No debe pensarse que repasar dos o tres veces un tema determinado es suficiente para dejarlo y pasar a un tema nuevo. La Guemará afirma que quien estudia Torá y no la repasa es como quien siembra y no cosecha.[6] Dijo el Nabí (profeta): “Y volverán y verán entre un justo y un malvado, entre quien sirve al Eterno y quien no lo hace”.[7] La diferencia entre el justo y el malvado es obvia, entonces ¿A quién se refiere la segunda parte del versículo? Explican los Jajamim que hay quien puede considerarse justo sirviendo al Creador y también quien puede hacerlo sin servirlo. ¿Cómo puede ser esto posible? Se refiere a que no es lo mismo quien repasa su estudio cien veces, a quien se esmera más y lo hace ciento una vez.[8] Vemos que la diferencia radica entre los que repasan lo estudiado buscando no olvidarlo y los que lo hacen, no solamente para recordarlo, sino también porque el Todopoderoso así lo ordenó, esto demuestra que lo hace por amor a Él y por esto es considerado como un auténtico servidor del Creador.

 

Shelomó HaMélej dijo: Que no se aparten de tus ojos; cuídalas dentro de tu corazón.[9] Este versículo se refiere al estudio de la Torá. Que no se aparten de tus ojos quiere decir que el estudio va a llevarte a conocer la forma apropiada de cumplir las ordenanzas de la Torá. Cuídalas dentro de tu corazón se refiere al repaso continuo, ya que estudiar un tema una y otra vez provoca que se mantenga siempre presente en tu mente y en tu corazón.[10] También dice: Hijo mío, no olvides Mi Torá…,[11] en referencia al repaso constante del estudio de la Torá con la más elevada intención, porque cuando un individuo entiende algo por primera vez procurará guardarlo en su corazón por la alegría que le da haber comprendido algo nuevo. En cambio, al repetirlo, lo está haciendo por el estudio mismo y no con intenciones externas.[12]

 

En el Talmud encontramos que Resh Lakish repasaba las leyes cuarenta veces antes de presentarse a estudiar con Rabbí Yojanán.[13] Y de la misma forma hacían todos los Jajamim en la época del Talmud, cada uno de ellos se proponía diariamente estudiar una cantidad determinada de capítulos, y, si por alguna causa de fuerza mayor, durante el día no podía cumplir con lo que se propuso, entonces utilizaba parte de la noche para completar lo que no pudo alcanzar en el día, y cada treinta días volvían y repasaban todo lo estudiado para que quedara bien grabado en sus mentes. Y no pensemos que esto era exclusivo de los gigantes talmudistas, también en nuestra generación encontramos sabios que supieron continuar con este valioso legado…

 

En el año 5671, Rab Shalom Mordejai Shwadron enfermó gravemente. En todo el mundo se decía Tefilá para que recobrara su salud, que inevitablemente iba decayendo día a día. Así se mantuvo luchando entre la vida y la muerte.

 

Días antes de fallecer, se habían reunido varios Rabanim fuera de la habitación del Rab. Estudiaban, leían Tehilim y pronunciaban numerosas plegarias para que el Rab recobrara su salud. Uno de ellos hizo una pregunta de un tema normativo (Halajá) y todos se pusieron a discutir el tema. Cada uno de los sabios daba su idea y traía pruebas de lo que decía. Nadie podía entrar a la recámara de Rab Shwadron, sólo su nieto, Rab Meir. Él entró a buscar un libro y vio cómo su abuelo movía los labios en su lecho de enfermo. Se acercó y escuchó: “¿De qué están discutiendo?”. Pese a estar muy enfermo, él se dio cuenta de que estaban estudiando Torá y quería conocer el tema. Su nieto le respondió y Rab Shwadron le dijo que abrieran el libro “Darké Moshé” en cierta hoja y que ahí encontrarían la respuesta.

 

Rab Meir no dio importancia a lo que dijo su abuelo, ya que los temas eran distintos y él no tenía, pensó, la lucidez necesaria debido a su enfermedad. Después volvió a entrar y el Rab le preguntó si había analizado el libro. Cuando le respondió que no, volvió a pedirle que lo hiciera. Esta vez Rab Meir no pudo dejar de hacerlo. Tomó el libro y lo llevó a la habitación contigua. Cuando vieron lo escrito, todos los Rabanim se quedaron atónitos. Ahí estaba la respuesta exacta…

 

Pero la historia no termina allí. Cuando volvió a ingresar a la habitación de su abuelo, Rab Shwadron le pidió que le trajera a él el libro y lo abriera “unas hojas más adelante”. Le indicó: “Fíjate en lo que está escrito al final del libro”. Con la letra del Rab, estaba escrito: “Este libro lo he estudiado cientos de veces”. Rab Shwadron dijo a Rab Shapira: “¿Acaso piensas que un libro que se estudia cientos de veces se olvida por estar enfermo?”. Después de este hecho, Rab Meir solía decir que, a pesar de la inteligencia de su abuelo, igualmente no se cansaba de repetir y repetir su estudio hasta el último hálito de vida.[14]©Musarito semanal

 

 

 

“Es una Mitzvá repasar el estudio en voz alta para que sea absorbido por todos los miembros de su cuerpo, leer agradablemente y con una voz melodiosa. El que estudia solo y callado pierde un gran beneficio.”[15]

 

 

 

 

 

[1] Metzudat David.

 

[2] Ver Ra”shí

 

[3] יְהוָה קָנָנִי רֵאשִׁית דַּרְכּוֹ קֶדֶם מִפְעָלָיו מֵאָז El Eterno me adquirió, al principio de Su camino, antes que Su obra de creación. Mishlé 8:22

 

[4] Por causa de la Torá creó el Todopoderoso el mundo. Ver comentario de Ra”shí en Bereshit 1:1

 

[5] קֹדֶשׁ יִשְׂרָאֵל לַיהֹוָה רֵאשִׁית תְּבוּאָתֹה Consagrado es Israel para el Eterno. Lo primero de su cosecha. Yirmiyá 2:3

 

[6] Sanhedrín 99a

 

[7] וְשַׁבְתֶּם֙ וּרְאִיתֶ֔ם בֵּ֥ין צַדִּ֖יק לְרָשָׁ֑ע בֵּ֚ין עֹבֵ֣ד אֱלֹהִ֔ים לַֽאֲשֶׁ֖ר לֹ֥א עֲבָדֽוֹ y volverán y verán entre un Justo y un malvado, entre quien sirve al Eterno y quien no lo hace. Malají 3:18.

 

[8] Jaguigá 9b

 

[9] אַל־יַלִּיזוּ מֵעֵינֶיךָ שָׁמְרֵם בְּתוֹךְ לְבָבֶךָ Que no se aparten de tus ojos; cuídalas dentro de tu corazón. Mishlé 4:21.

 

[10] Janoj LaNa'ár.

 

[11]בְּנִי תּוֹרָתִי אַל־תִּשְׁכָּח  Hijo mío, no olvides Mi Torá… Mishlé 3:1.

 

[12] Rab Yosef ben Nejemyá.

 

[13] Taanit 8a

 

[14] Extraído de Séfer Meorot Hadaf Hayomí.

 

[15] Pele Yoetz; Estudio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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