Perek 4, Mishná 2, continuación…

 

 

Dijo Ben Azai: Sé presto para una Mitzvá [un mandamiento] leve como para uno grave, y huye de la transgresión; pues una buena acción atrae otra buena acción, y una transgresión atrae otra transgresión; porque la recompensa de un mandamiento es otro mandamiento, y la del pecado es otro pecado.

 

Ben Azái nos encomienda correr para realizar cualquier Mitzvá, y cumplirla como si fuera la más grande de todas. Porque la recompensa de un mandamiento es otro mandamiento; el curso natural del mundo es que, quien lleva a cabo el cumplimiento de una Mitzvá, providencialmente le prestarán la ayuda a quien la realizó, y además le otorgarán la oportunidad de hacer otra, y así recompensarlo por cada una. ¿Cuál es el motivo? Porque cuando uno realiza una “simple” Mitzvá, se acerca al Creador, y si continúa se acostumbrará a servirle, y por consiguiente, conseguirá algún día cumplirlas todas. Otra explicación dice que, además de la recompensa que recibirá el hombre en el Mundo Venidero, además recibirá retribución por el placer y el deleite que gozó en el cumplimiento, ya que, la alegría que provocó al haberla realizado, también se contabilizará como un mandamiento por sí mismo.[1]

 

El bien y lo contrario se encuentran en el mundo, y el Creador no lo pone en manos de la persona; más bien le da la oportunidad de la libre elección, como dice el versículo: he puesto delante de ti la vida y la muerte, y elegirás la vida.[2] Si elige el sendero del bien, el Eterno estará con él. Y entonces si cumple un mandamiento, le ayuda a cumplir otro mandamiento, ya que por sí mismo, no tiene la capacidad de hacer el bien.[3]

 

Lo mismo vale decir sobre las faltas: Huye del pecado, aunque aparente ser insignificante porque: un pecado arrastra hacia otro, quiere decir, una vez que la víctima ha caído en la red del Instinto Maligno y decide dar una “probadita”, después le será muy difícil separarse de la tentación. ¿Por qué? Debido a que su acto rebelde demuestra que se ha separado del temor y la reverencia al Señor, el siguiente pecado ya no le causará tanto remordimiento, y de allí a cometer todos los pecados existentes, es solo cuestión de tiempo, el castigo es entonces, en esencia, un resultado directo de lo que hace, en otras palabras, su vida pecaminosa es un castigo por sus pecados. Y además también tendrá que rendir cuentas por el provecho y placer que disfrutó al cometer su acto, y este se le considerará como un pecado en si mismo.[4]

 

Pregunta el Yajín: ¿Cuál es el criterio para catalogar a una Mitzvá como difícil? Un ejemplo podría ser el ayuno de Yom Kipur, quiere decir, son preceptos que se requiere de gran esfuerzo o sufrimiento para conseguirlos. Las Mitzvot sencillas, son aquellas que son fáciles de cumplir, podrían ser por ejemplo: el pronunciar la Berajá de antes o después de consumir alimentos, o el encender las velas de Shabat (ojo, no estamos diciendo que son más o menos importantes). Continúa explicando el Yajín: hay otras Mitzvot que en un principio cuestan trabajo, pero una vez que la persona se habitúa a ellas, ya se le hace sencillo, por ejemplo: levantarse todas las mañanas para asistir temprano al Minián. Hay otras que son lógicas, y esto facilita el cumplimiento, por ejemplo: el precepto de respetar a los padres, es algo que la mayoría de la gente la cumple. Y otra que puede ser catalogada como sencilla, es cuando la persona que la cumple tiene algún placer o deleite corporal, por ejemplo: comer en Shabat. Ben Azai te dice: aun estas Mitzvot fáciles, debes apresurarte, porque aún que son fáciles, el Instinto Maligno puede interponerse hasta que desistas de ellas.

 

El Taná de la Mishná nos impulsa, por un lado, a correr, quiere decir a ser ágiles para alcanzar cualquier Mitzvá, por más simple que parezca. Y por el otro lado, a escapar de cualquier transgresión. Continúa el Yajín explicando que existen dos formas de escapar de un pecado, una se dice en hebreo Libroaj y otra es Lanus, por ejemplo, cuando Moshé escapó de Paró debido a que quería matarlo, entonces Moshé huyó de la presencia del Faraón,[5] la Torá utiliza el verbo Vaibráj; quiere decir, huyó muy lejos, se fue hasta Midián, para que no pudiera encontrarlo y hacerle daño. Por otro lado, encontramos que cuando la esposa de Potifar trató de seducir a Yosef, y cuando estaba a punto de caer, huyó y salió afuera,[6] en este caso la Torá utilizó el verbo Vayanos, no se fue lejos, solamente escapó del peligro, pero se quedó allí, esta es la diferencia entre los dos verbos. Entonces te dice el Yajín, debes correr detrás de una Mitzvá, y escapar de la transgresión, no dice Lanus, zafarte del peligro y quedarte cerca, te dice: ¡Escápate muy lejos! Lo más retirado que te sea posible de ese pecado que tienes frente, ¿por qué? porque un mandamiento arrastra a otro mandamiento, y un pecado arrastra a otro pecado.

 

Cuentan que el Rab de Brisk, era muy meticuloso en el cumplimiento de las Mitzvot, y si encontraba alguna duda acerca de que alguna de sus acciones tuviese una remota posibilidad de cometer alguna transgresión, huía de ella como se escapa del fuego. Construía sus propias contenciones, para evitar cualquier sospecha de pecado. Uno de sus alumnos le preguntó: “¿Alguna vez cayó en alguna transgresión? Sin temor a equivocarme podría responder que nunca lo ha hecho, entonces quisiera yo saber ¿por qué utiliza tantas medidas precautorias…?”.

 

El Brisker Rob le respondió: “¿Alguna vez te caíste de la cama?”. El alumno respondió que no. “Entonces déjame preguntarte, ¿estarías dispuesto a subir tu cama al edificio más alto de nuestra ciudad, podrías colocarla al lado de la cornisa de la azotea, detrás del muro de contención, o sea al borde del abismo y dormir plácidamente allí?”. El alumno lo miró con incredulidad, movía la cabeza de un lado al otro mientras decía para sí: “¡No podría permanecer allí, ni siquiera despierto!”. “Pero dijiste que nunca te has caído de la cama, ¿por qué tienes miedo de caer ahora? Te voy a explicar cuál es la diferencia: cuando estas en tu habitación y te acuestas sobre la cama, estás tranquilo porque sabes que el piso se encuentra a pocos centímetros de donde estás, si te llegases a caer, el golpe no sería severo, podrías levantarte y volverte a acostar, pero cuando sabes que hay un abismo amenazante y si te cayeses no lo contarías, ya no tienes el mismo valor y seguridad. Cuando uno tiene conciencia de lo grave que es un pecado y de las consecuencias que provoca, entonces te da bastante miedo caer, aunque nunca lo hayas experimentado… © Musarito semanal.    by Elias E. Askenazi

 

 

 

“Gracias al temor no se transgreden las prohibiciones, y por el amor se cumplen las Mitzvot”.[7]

 

 

 

 

 

 

 

[1] Rabí Obadiá de Bartenura.

 

[2] Debarim 30:19.

 

[3] Rabenu Yoná.

 

[4] Ver Raabad, Baalé Hanefesh.

 

[5] Shemot 2:15.

 

[6] Bereshit 39:12.

 

[7] Pele Yoetz; Rosh Hashaná.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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