Perek 3, Mishná 9, continuación…

 

 

Rabí Janiná ben Dosá dijo: En todo aquel que se anteponga el temor al pecado a la sabiduría, ésta perdurará; pero en aquel que anteponga su sabiduría al temor al pecado, aquella no perdurará. Él solía decir: En todo aquel cuyas acciones superan su sabiduría, ésta perdurará; pero en aquel cuya sabiduría excede a sus acciones, aquella no perdurará.

 

Según Rabí Janiná ben Dosá, una persona que antes de comenzar a estudiar Torá no posee temor al pecado, su aprendizaje no perdurará. En otras palabras, su temor al pecado debe ser lo que lo lleve al estudio, y no su estudio lo lleve al temor del pecado. Rabí Janiná está declarando que el estudio puramente intelectual de la Torá, es un tipo de estudio que no tiene un impacto en el carácter del hombre, y éste no perdurará. Maimónides extrapoló esto en el sentido de que el comportamiento moral adecuado, conducirá a una búsqueda intelectual adecuada. Sin embargo, el que persigue el mal y es un gran pecador, pero espera que su estudio lo lleve a mejores obras, no tendrá éxito ni siquiera en su estudio. Otros interpretan la Mishná diciendo que la práctica de los Mandamientos es lo que conduce a la creencia adecuada. Uno no comienza a practicar el judaísmo aprendiendo doctrinas.

 

Él [también] solía decir: cualquiera cuyas obras exceden su sabiduría, su sabiduría es duradera, pero cualquiera cuya sabiduría excede sus obras, su sabiduría no es duradera. Esta declaración es similar a la anterior, excepto que aquí Rabí Janiná habla de obras y no del temor al pecado. Además, mientras que en el apartado anterior hablaba del desarrollo cronológico, aquí habla de una comparación cuantitativa. Una persona cuyas obras excedan su conocimiento, retendrá su conocimiento. Sin embargo, una persona cuyo conocimiento excede sus obras, es decir, sabe lo que debe hacer, pero no lo lleva a cabo, al final no retendrá su aprendizaje. Si tomamos en cuenta, lo que estudiamos en las Mishnayot anteriores, es que la peor consecuencia del abandono del estudio de la Torá, es el olvido, este es uno de los más grandes temores que a menudo tenían los Rabinos de aquella generación, pues, en ese entonces, el aprendizaje era básicamente oral.

 

Rabenu Yoná comenta al respecto que, Rabí Janiná se enfoca en el esfuerzo que el hombre invierte en conocer la sabiduría del Eterno para proteger su alma del pecado. Al practicarla de esta forma, se vuelve sabio y su sabiduría permanece en su mano, además se ilumina y se aparta de los pecados.

 

Tenemos una Mitzvá imperativa de la Torá de tener Irat Shamaim (temor reverencial), como está escrito: Al Eterno, has de temer.[1] Esta es una de las Mitzvot constantes, quiere decir, que su obligación nunca cesa, ni siquiera por un segundo. Y quien esté por cometer una transgresión, debe despertar a su corazón que el Todopoderoso supervisa todas sus acciones y lo remunerará en base a ellas.[2] En cada momento que la persona se recuerda a sí misma de temer al Omnipotente, estará cumpliendo una Mitzvá, y no hay cálculo para su recompensa.[3] Dijo el rey David: He puesto al Eterno delante mío siempre.[4] Sobre esto escribe el Ramá: Esta es una regla fundamental de la Torá y de las virtudes de los hombres justos que se encaminan según la voluntad del Creador.[5] Porque los actos de la persona, sus movimientos, y sus ocupaciones, no son de la misma manera estando solo en su casa, que cuando se encuentra delante de un gran rey. Cuánto más aun, cuando se percate, de que aquel gran rey no es nada más ni nada menos que el Santo Bendito Sea, quien Su honor llena todo el mundo, reina por encima de él y supervisa sus actos,[6] como está escrito: Dice el Eterno: Si se escondiese una persona en un lugar recóndito, ¿acaso Yo no lo vería?[7]

 

Existe en todas las criaturas una conducta innata e inconsciente que se transmite genéticamente entre todos los seres vivos, el instinto más poderoso de todos los seres vivientes es el de la supervivencia, este impulso les hace responder involuntariamente ante una situación en la que tienen que aferrarse a la vida. Pero sólo el ser humano, además de este impulso, posee otro que es el temor reverente al Omnipresente. Al abstenerse de toda transgresión, controlando su conducta a cada instante, haciendo perpetuar su existencia en este mundo y en el Mundo Venidero, su cautela se vuelve natural en él, para advertir y apartarse del mal. No ocurre así con quien carece de este temor, quien fácilmente puede caer en tentaciones, ya que no cuenta con esta protección instintiva. Este atributo bien trabajado, lo lleva a apartarse del mal, y protegerse de los peligros espirituales que no siempre son fáciles de detectar.[8] Bienaventurado el que le tiene miedo a la repercusión de sus actos.[9]

 

Los alumnos de Rabán Yojanán ben Zakai, se congregaron alrededor de su maestro para pedirle una bendición antes de su muerte. Y así los bendijo: “Que sea la voluntad del Todopoderoso, que tengan tanto Irat Shamaim como el temor que sienten hacia las personas…”. Inmediatamente los alumnos le preguntan: ¡Rabenu!, ¿nada más?[10] Explica Rashí que los alumnos le preguntan si solamente ese es el temor que deben tener hacia el Creador, ¿el mismo que sienten por otra persona? A ellos les parecía muy fácil alcanzar un temor así, pero su maestro sabía que llegar a esa categoría no era nada sencillo, por eso les responde: “¡Ojalá!, que lleguen a alcanzar esto, sepan que cuando una persona comete un pecado siempre dice: “ojalá que no me vea ninguna persona”. Por eso, ojalá que sintieran el mismo temor pensando que el Omnipresente “también puede estar” (seguro que está) delante. La realidad que vemos es que la persona comete el pecado porque se fijó que nadie lo está viendo, ¿nadie?, sí, nadie, porque se fija que ninguna persona lo vea, pero se olvida de pensar que seguro que Él lo está viendo... Esta es nuestra misión: Anteponer el temor al pecado, sí logramos tener siempre presente que el Señor conoce todos nuestros secretos, y todos nuestros actos, nuestro Irat Shamaim y también la sabiduría perdurarán por siempre en nuestro ser. ©Musarito semanal.    by Elias E. Askenazi

 

 

“Si una persona le teme al Señor, entonces todo está bien. Si una persona no le teme, entonces realmente tiene motivos para estar atemorizada”.[11]

 

 

 

 

 

 

[1] Debarim 10-20.

 

[2] Jinuj Mitzvá 432.

 

[3] Mishná Berurá 1.

 

[4] Tehilim 16:8.

 

[5] Shulján Aruj, Oraj Jaím 1:1.

 

[6] Rambam.

 

[7] Irmiahu 23-24.

 

[8] Peninim mi Shulján Gaboa.

 

[9] Tosafot Guitín 55b.

 

[10] Berajot 28b.

 

[11] El Rabí de Karlín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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