Perek 2, Mishná 16, continuación…

 

 

Rabbí Tarfón dijo: El día es corto y el trabajo es mucho, los trabajadores son perezosos, la retribución es grande y el Patrón los apremia.

 

Rabbí Tarfón era alumno de Rabbí Yojanán ben Zakai, uno de los dirigentes más destacados de su tiempo. En ésta Mishná, el Taná compara la relación del hombre con el Creador como a la de un obrero con su patrón. La jornada es corta: los días del hombre en relación con la duración del mundo es bastante breve. Y mucho es el trabajo: refiriéndose a la Torá, pues su medida es más amplia que la tierra misma.[1] Los trabajadores son perezosos: los seres humanos somos bastante buenos para encontrar excusas a cualquier cosa que nos cuesta trabajo realizar, pero en cuanto se refiere a perder el tiempo en vanidades, el ingenio se vuelve bastante creativo. La recompensa es grande: a los que estudian la Torá, les espera una gran retribución. Y el dueño de la casa nos apremia: el Santo Bendito Sea, nos apremia para que estudiemos la Torá.

 

En su declaración, Rabbí Tarfón viene a enseñar que el hombre, no se puede comparar al obrero que realiza un trabajo a destajo; pues si él produce poco, recibirá poco. Y si produce mucho, será proporcionalmente recompensado por su labor, en este caso, la remuneración no dependerá del criterio del patrón, sino del total de piezas producidas, y si no elaboró nada, pues, simplemente no recibirá nada. Con el Todopoderoso las cosas se manejan de una forma muy distinta, Él exige al hombre que estudie Torá, si lo lleva a cabo, recibirá su recompensa, pero si no estudia nada, recibirá su castigo.[2]

 

¿Sobre qué clase de jornada habla Rabbí Tarfón?

 

Cada día es sumamente valioso en la existencia del mundo, porque en cada día, el hombre tiene una nueva oportunidad para elevarse espiritualmente, y así lo manifiesta Rabbí Jaim de Volozin con respecto a la Tefilá (plegaria): “Diariamente, cada palabra y cada momento que transcurre mientras la persona reza, no tiene parecido con el instante anterior, ni tampoco con el que le sigue; sin darse cuenta, mientras reza, el hombre está transformando mundos enteros.[3] Al término de los días del universo, no encontraremos que una plegaria fue parecida a otra, como dice el Salmista: Bendito sea mi Señor, cada día, Él nos colmará, [4] explicaron nuestros Sabios: Cada día se diferencia del otro por los cambios (Tikunim) que realizamos en los mundos”.[5]

 

El Taná DeBé Eliahu Zutá,[6] lo interpreta de la siguiente forma: Dijo David: “Yo alabo la grandeza, heroísmo y reinado del Rey de los Reyes el Santo Bendito sea, porque cada día un ser humano es creado y nace una nueva criatura”. Explica el Taná: No está hablando de un bebé recién nacido, se refiere a que cada día al despertar, cada uno de nosotros vuelve a nacer, y tenemos asignada una misión diseñada exclusivamente para ser realizada en ese día, y si no la cumplimos, se considerará que “ése día”, fuimos creados en vano, y el tiempo que se perdió nunca más podrá ser sustituido…

 

Este es el significado de la sentencia de Rabbí Tarfón: El día es corto, cada día es una unidad independiente, y si no le damos la importancia debida, entonces será una pérdida eterna, con la Tefilá podremos en otro día crear una nueva misión, pero la del día que se perdió, quedará señalado como un día no aprovechado.[7]

 

La vida es como una escalera eléctrica que baja; si nos quedamos parados, descenderemos; si caminamos, se queda en el mismo lugar. Solo si hacemos el esfuerzo adicional de correr hacia arriba, ascenderemos. Debemos saber que cada día que pasa, y no mejoramos en alguna virtud o alguna cualidad, ese día se considera como perdido. Si preguntamos a alguien su edad, dirá que tiene 30, 40 o incluso 80 años. Pero esa edad es relativa: si dice que tiene 30 años, quiere decir que esos 30 años ya no los tiene, ya se fueron… Pero si esos 30 años de vida fueron bien aprovechados, ya sea al mejorar su conducta, perfeccionar alguna cualidad buena, deshacerse de alguna mala cualidad, etc., entonces sí tendrá efectivamente la edad que dice, ya que en ese tiempo adquirió algo que vale.

 

El Talmud relata que el rey David se dirigió al Eterno y le pidió que le diera a conocer la fecha exacta en la que abandonaría este mundo. Sin embargo, el Creador rechazó su petición, explicándole que existe un decreto divino que dicta que ninguna criatura podrá conocer la fecha exacta de su fallecimiento, y éste no podrá ser anulado bajo ningún concepto. A pesar de escuchar esto, David pidió que por lo menos le fuera comunicado el día de la semana en el que moriría. Esta petición fue aceptada por el Todopoderoso, quien le comunicó que su muerte sucedería en Shabbat.

 

La idea de morir en este sagrado día no fue del agrado del rey, debido a que su cuerpo no podría ser enterrado de inmediato y permanecería sin sepultura durante algún tiempo, así que David pidió que su muerte se pospusiera hasta el domingo, a lo que el Eterno respondió: “El domingo habrá llegado el tiempo para que reine tu hijo Shelomó, y ningún reinado puede interferir con el otro, ni siquiera por el grosor de un cabello”. Después de escuchar esto, David se volvió a dirigir al Creador y le dijo que, en ese caso, él cedería un día de su vida y de su reinado para morir el viernes en vez de Shabbat, pero el Todopoderoso le dijo: “Es más valioso para Mí un día de tu vida en el que te dedicarás a estudiar Torá, que mil sacrificios que acercará tu hijo Shelomó sobre el altar del Templo Sagrado diariamente, por lo que, aunque David cediera uno de sus días, no podría ser concedido.[8]

 

Rabbí Hilel Kegan solía recordar el dicho que Rabbí Tarfón le decía a Rabbí Akivá: “Quien se aparta de tí (refiriéndose a la Torá) se aparta de la vida,[9] y contaba Rabbí Hilel, que los últimos años de vida de Rabbí Shimón Shkop, su médico personal el Dr. Yankovich, le indicaba suspender el dictado de clases, o por lo menos que disminuyera el tiempo de estancia en la Yeshivá, diciéndole: “Rab, entienda por favor, esto que le estoy recomendando es por su bien, le aconsejo esto para que pueda vivir un poco mejor”. Rabbí Shimón le respondió: “Agradezco su preocupación, pero quiero que usted sepa que, para todo lo que quiero vivir es para estudiar Torá y dictar clases en la Yeshivá, si me lo quitan: ¡¿Cuál sería el sentido de vivir…?! ©Musarito semanal.  Elias E. Askenazi

 

 

“Cada momento e instante que el hombre no utiliza para estudiar Torá se considera Una pérdida que no se puede recuperar”.[10]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Bartenura.

 

[2] Rabí Yoná de Gerondi.

 

[3] Nefesh-Ajaím, 2da. Parte c:13

 

[4] Tehilim 68:20.

 

[5] Ibn Ezra.

 

[6] Capítulo 15.

 

[7] Rabbí Aharon Kotler; Mishnát Rabbí Aharon 2da parte, 109.

 

[8] Shabbat 30a.

 

[9] Kidushín 66b.

 

[10] Kohélet 1:15.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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